lunes, 30 de marzo de 2015

Sólo una palabra

Créditos
Un hallazgo genial en la vida de mi sobrino fue llamar a un peluche como yo lo hacía. Pasó de señalar a usar el lenguaje y esa mínima secuencia de sonidos estimuló muchas otras palabras. En puridad, las palabras no se enseñan: se aparecen. Son muescas en la propia conciencia. Las palabras son las cosas, y las cosas son las palabras por otros medios; nos construyen los significados como nos protegen los jerséis y nos alimenta el desayuno. En el principio de la conciencia estaba la palabra, pongamos que el nombre común, y luego los nombres se pusieron a crear torres y bodas y pasteles y análisis y reticencias. Las palabras son fábricas y teatros griegos, producen y representan, fijan, atesoran y proyectan. Creemos que hablamos el mismo idioma que los demás, pero la patria común de la lengua es al mismo tiempo la república independiente de la lengua interna con la que nos hablamos. De las cenizas de todas las comunicaciones fallidas, de todas las llamadas infructuosas, de los mensajes que se perdieron, hemos renacido como personas distintas. En medio de los análisis desganados, "líquidos", de este tiempo, necesitamos de palabra con sentido propio. No se me ocurre mejor forma de justificar el título de este blog.

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