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domingo, 8 de abril de 2018

Imagina que quieres enseñar a leer con Lorca

metro paris
Alessandro | Creative Commons.

Parece una cosa muy fácil, pero es magia. Este trimestre, como todos los trimestres, quiero que mi alumnado de Secundaria aprenda a leer. La lectura se hace en compañía: leer solo, en silencio, es hacer metáfora de la soledad que nos espera de adultos (¿nos espera o nos la imponen?). La lectura se hace en una clase para compartir significados y luego "se lleva" a un portafolio digital, con tareas y un trabajo de investigación. En mi trayectoria profesional, ésta es una de las cosas que merecen la pena. Escribir ensayos, buscar información, investigar, geolocalizar, relacionar o crear. Soy un apasionado de la Lingüística, pero a un ser humano muy joven le pega mucho más la Literatura, con mayúsculas.
A lo que iba. Imagina que quieres a enseñar a leer con Lorca: entonces, ya somos Federico, el grupo, el aula 204 y el profesor de Lengua. Cada clase comienza con el comentario compartido (acompañado, plural) de un cuadro. De momento, de un cuadro que le gusta al que escribe estas líneas. En la primera sesión, el cuadro era El almuerzo en la hierba, de Édouard Manet. La mirada de la modelo desnuda como signo de interrogación. Del cuadro a la obra de teatro sólo hay un paso. El arte es una sinestesia porque la vida lo es aún más. A partir de aquí, me he puesto manos a la obra con mi ficha de investigación y he optado por Bodas de sangre. Si Lewis Carroll hubiera soñado a Alicia en los infiernos, habría planteado a las mujeres de la tragedia lorquiana de la misma forma: para empezar, anónimas, confinadas en la casa, simples productoras de lo cotidiano, seres sintientes y sufrientes que traen la vida y sufren su pérdida; que aman y se alejan de su amor. Víctimas de la piel. Es como si ellas vieran la vida a través de un cristal: una infamia. En ese sentido, la tragedia es teatro de la crueldad. Porque Lorca quería decir: Ojo, que no son muebles ni símbolos, que son personas como tú. Y tal vez el viejo mandato trágico de escarmentar en cabeza ajena. Una buena historia, cuatro personajes memorables (el Novio, la Madre, la Novia, Leonardo), una Andalucía griega que Lorca hace universal a fuerza de local (soy granadino y he vivido en muchos pueblos de esta tierra) y ya está todo a punto; o tal vez hubiera sido necesario incluir al Público, no sólo simbólico, sino a las personas reales que sufren y ven teatro: porque, si me entendéis bien, la vida es un teatro que se ve desde las dos direcciones, desde los personajes y desde los espectadores/lectores, y el propio Lorca, en otro sitio, escribe este principio soberbio:

Cuarto del Director.

El Director sentado. Viste de chaqué. Decorado azul. Una gran mano impresa en la pared. Las ventanas son radiografías.
CRIADO. Señor.
DIRECTOR. ¿Qué?
CRIADO. Ahí está el público.
DIRECTOR. Que pase.
(Entran cuatro Caballos Blancos.)


Además, hasta Alicia tenía nombre: estas mujeres tienen fuerza, pero vuelven a ser anónimas, como en la Edad Media. Ya estamos leyendo sólo el título y el elenco de personajes. Luego vienen los símbolos. Caballos, cuchillos, colores. ¿A quién se le ocurre que el amarillo sea el color de la muerte? Pues a Federico. Enseñar a leer, como estáis viendo, es aprender a leernos. A leer al otro, al distinto, al diverso, al recién llegado, a los muchos que somos. La lectura es siempre un camino de vuelta, o una patera que zarpa de tu seguridad a mi calma, o de tu inseguridad a mi indiferencia. En cada momento leemos, por tanto, los dos tramos de la historia, lo que pasó cuando se representó Bodas y lo que pasa hoy. Ese salto en el tiempo siempre me ha parecido fascinante. Es como si el texto estuviera formado de capas de tiempo, de significados, de sonidos, de géneros literarios, de relaciones, y que todo eso tuviera un nombre que sólo funciona en tu cerebro, en tu vida: sentido. Ahora, limítate a ser objetivo: imagina.

viernes, 1 de mayo de 2015

Gente

Me pongo a escribir, pero me esforzaré en no usar metáforas. Escribo en realidad por esa intención que suena últimamente en algunos entornos MOOC: ¿Sigue siendo válido el blog? Tecleo con facilidad que empiezo a verle sentido a escribir regularmente en un espacio como éste. Otra cosa distinta es cuánto me durará el entusiasmo.
Esta entrada está concebida para hablar de la gente, de las personas que hacen que este mundo de locos se ponga en marcha cada día. Estoy hablando de ti, de mis compañeros del instituto, de las camareras del bar en el que desayunamos, de mis vecinos, de mis hermanas, de los padres de mis alumnos. Hablo de los seres humanos, de sus ideas, de sus temores. De su inteligencia y de su estupidez. Hablo del mundo que conozco y del mundo que intuyo o del que me hablan. Y como hablo, dialogo contigo, desocupado lector.
Sabemos por La Celestina que todas las cosas se han hecho a la manera de lid o de contienda. La fuerza y la agria disputa han marcado líneas y territorios, han derribado ciudadelas y allanado montes, han segado la vida y la paz; pero no sabemos lo que pueden muchas personas cuando deciden ser felices. La gente no representa nada sino su propias ganas de seguir siéndolo, su voluntad de fortaleza y de salud, su libertad de vivientes. Escribir es siempre volver al primer muelle de amarre. Pero los barcos siempre se alejan, se hunden en el paralelo del mar desierto y vuelves a la página en blanco, el gran desierto de todos los exploradores. Por eso, tan bueno como escribir, es nadar en el mar de los semejantes. Fíjate en ellas. Cuando dejes abandonado tu blog y regreses a él, un día de éstos, y te juras que esta vez escribirás con regularidad, levantarás acta de lo vivido justo un año después. Míralas temblar al relente, huir de la soledad que las envuelve, subirse veloces a los coches y a las aceras. Porque ha llegado mayo, el mes en el que todo parece posible; un mes como un abrazo. Aquí estaba yo, pensando en ellas, en sus sueños, en sus planes, en la vergüenza de no ser mejores, en la dureza metálica de sus contradicciones y de sus mezquindades, en la pleamar del existir. Vistas desde arriba, ellas parecen pequeños diamantes que se agitan y desplazan como un polícromo cuadro barroco. Quiebran la ansiedad con aliento y con futuro. 
Admiro especialmente a los que trabajan para hacer a las personas mejores personas, y eso incluye a todos los que trabajan y a los que se afanan en hacerlo. Gente que hace mejor a la gente. Buena gente que trabaja para gente cada vez mejor. Y todo, un mes de mayo. 
Yo me entiendo.

miércoles, 22 de abril de 2015

15 minutos, toda una vida (Cervantes, el "Quijote")

Parece imposible conmemorar el Quijote (y, en especial, la Segunda Parte del libro, de 1615), si sólo se tienen unos minutos libres. El Quijote es como una estación de autobuses que se llena continuamente de gente, una zona de paso, una frontera entre países y, más comúnmente, una confederación de seres y de estares, un universo constelado en el que brillas , desocupado lector, como ventana encendida en la madrugada, como ser vivo que está leyendo, construyendo y peleando por el significado.
Conmemorar es compartir la memoria y eso es lo que quiero hacer aquí, burla-burlando. No me interesan los fastos institucionales sino todas las miradas de lectores/as anónimos/as, buceadores de de la insoportable falta de sentido del vivir, que descubren precisamente que el sentido lo inventa uno, que la vida es un juego de creación y los libros, no sólo están vivos, sino que encima enseñan a vivir. El vivir  es un arte. 
Quiero conmemorar, no al Quijote amojamado de las estanterías, sino al que se les aparece a los audaces y a los generosos, que son las grapas de lo que de bueno hay en el mundo: al que anduvo sobre la mar.

miércoles, 15 de abril de 2015

Comentario crítico de "Lo fatal" (Rubén Darío) (Yo quería escribir un poema)

Créditos de la imagen
El texto consultado se encuentra en la Web de la RAE. Los corchetes, por su parte, indican elementos estructuradores del comentario, que no párrafos o apartados.


En sentido estricto, éste en un “mini-ensayo” que comparto con mi alumnado: no es un “modelo” de comentario. Pero si lo lees y te gusta, puedes descargarlo pinchando este enlace.

[Adecuación o contextualización]
El poema Lo fatal pertenece a los Cantos de vida y esperanza (1905) de Rubén Darío; la obra pertenece a la etapa de madurez, en la que Darío siente ya el miedo a la decadencia física y a la muerte. En cuanto a la métrica [desarrollamos este apartado en la estructura externa], encontramos tres estrofas, las dos primeras de las cuales son sendos serventesios de alejandrinos, en tanto que la tercera tiene una estructura más peculiar, con tres alejandrinos, un eneasílabo y un heptasílabo. Esta elaboración es típica de la experimentación modernista y encontramos reminiscencias formales de la cuaderna vía (el alejandrino, estrofas de cuatro versos), el pie quebrado reformulado (dos últimos versos) y la conjugación de versos largos y versos cortos (recordemos la senda iniciada por Bécquer).


[Expresión de la tesis]
La tesis que defenderé en este comentario es: Lo fatal es un diálogo de ideas y de textos, para lo cual estableceré distintos enfoques sobre el poema de Darío.


[Primer párrafo de argumentos]
Con ciertos autores, uno no puede menos que leer como un escritor. Rubén Darío, como tantos poetas de la “Edad de Plata”, es un buen ejemplo. Darío escribe un poema muy rico en resonancias literarias y filosóficas, que parten del dolor de sentir, tanto de lo sensorial como de lo “sensitivo”. La existencia es un continuo navegar - a menudo caótico - por el flujo de experiencias de muy distinto signo que hemos convenido en llamar “vida”. Pero lo realmente llamativo es la forma cómo la voz poética (no necesariamente trasunto del emisor-poeta) hace bueno una conocido tema de René Char: la piel es lo más profundo. Tengo para mí que los modernistas, poetas evocadores y brillantes, son perfectos conocedores no sólo de aquellos “fuego artificiales” simbolistas, sino de la impresionante tradición literaria escrita en español. El poema es testimonio de ello, no ya en las referencias métricas, sino sobre todo en los tres tópicos aludidos: “Beatus ille” (el feliz será el árbol), “Memento mori” (quien recuerda que tiene que morir es la voz poética) y “tempus irreparabile fugit” (el tiempo, irreparable, pasa”). Los tres temas clásicos aparecen distorsionados por la angustia existencial y el irracionalismo imperantes en el Fin de Siglo y se ajustan al propio título del poema: “Lo fatal”, es decir, lo preestablecido. Pues estamos vivos, deberemos morir. Ésa es la regla de este juego trágico. Rubén Darío siente, en la misma piel (evocada por los términos “sensitivo” y “dolor”, que encontramos relacionados con el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia), en esa apariencia “superficial” (¿no eran “superficiales” los modernistas?) la certidumbre de la muerte y el final frente a la incertidumbre y lo azaroso del vivir.


[Segundo párrafo de argumentos]
Un empirista es el que saca sus razonamientos de su propia experiencia; diríamos más enfáticamente, el que escarmienta en cabeza propia y hace razón de sus escarmientos. ¿Qué le faltaba por decir a Darío? ¿No sería que quiso establecer en su poema una argumentación del caos y del sinsentido de vivir? Como consecuencia, veo legítimo preguntarme: ¿Y hay que esperar a la vecindad de la vejez para sentirse atónito por la muerte? ¿Por qué no en la primera juventud? Un empirista que haya comprendido bien los ideales vitalistas del Fin de Siglo hubiera mirado hacia Epìcuro y habría aceptado el placer (el primero de los cuales es el gozo de vivir) hasta que llegara su último día. Quevedo imaginaba un amor-pasión más allá de la muerte sin escalofrío alguno.


[Párrafo de enlace]
Por consiguiente, nos encontramos con un poema en el que cristalizan algunos de los problemas típicos de ese período: la angustia por la existencia, el dolor, lo sensorial, el “Decadentismo” que combina el placer y el miedo a la muerte y, de manera genérica, un cruce múltiple de textos e ideas.


[Conclusión]
Concluyo pensado que el poema reúne una problemática heterogénea, tanto en lo literario como en lo filosófico. Lo que sí queda claro es un texto construido con tantas antítesis y con alegorías de tal intensidad (“carne”, “tumba”) no es uno más en la producción literaria del escritor. Afirmaba Darío lo que la voz poética afirmaba? ¿O sonreía a la vez que finalizaba las estrofas? Quién puede saberlo.

viernes, 3 de abril de 2015

Dos o tres cosas que sé de ella

Gustav Klimt, El beso (1907-1908)
Algunos dicen que está acabada, pero yo sigo quedando con ella para recorrer las calles de la ciudad en la que vivo. Ella me lee a mí y yo la descifro como si el mundo fuera a acabarse, porque, como nos decían de niños, ¿no será verdad que guardan el mundo de noche y lo vuelven a sacar por las mañanas? ¿Y si un día se le olvida a alguien sacar el mundo? Para otros, ella es siempre duda, abandono, entretenimiento inútil, horas perdidas en una noche indigna de memoria. Yo la quiero por lo que es y por lo que sabe y no le niego el tiempo ni las ganas. Por ella me he mantenido firme muchas veces. Sobre todo, cuando era ella la que me ayudaba a pensar. O la que me imponía un silencio sanador. Sin los silencios no hay música. Sin los vacíos no hay arquitectura.

Para que entiendas cuál es su valor en mi vida, debes saber cómo la conocí. Al principio, nos veíamos en la Biblioteca de mi Instituto, especialmente si el bibliotecario, que era mi profesor de Literatura, no me prestaba ninguna atención. Claro, si a ti no te gusta leer, ambos contemplamos la delicia de es estar vivos desde ópticas muy distintas. Pero me estoy desviando del tema. Sería a los trece años cuando la conocí. Sólo se lo he contado a unos pocos, pero ella fue mi primer amor porque me mostró la mejor imagen de mí. Todos sabemos que los que te quieren sacan de ti lo mejor, lo imposible. Te devuelven a lo factible (creo que la idea es de Samuel Beckett). Había leído otros libros, no creas que muchos, pero llegué a Marco Polo y a su viaje al fin del mundo. Yo no había salido ni de mi barrio, pero hice con el viaje  muchas veces, atravesé Eurasia por tierra, me interné en la Ruta de la Seda. Ella me dio la primera llave que abría el vivir. Esa voz legendaria volví a escucharla con Las ciudades invisibles, de Calvino. La poesía de sus manos, la teatralidad de sus acentos, su endiablada fabulación, todo fue haciéndome el que soy, cuando me siento a escribir sobre lo que fue, sobre lo que es para mí.

Luego, como ocurre muchas veces, ya en la Universidad, tuve otros empeños, otras prioridades, fui de un sitio para otro, y estuve algún tiempo sin procurarla, y su ausencia me resintió. No siempre es fácil desandar los propios pasos, y reconozco que volví cuando pensé que era tarde a sus llanuras, a sus colinas, a sus mapas, a la ternura mineral de sus palabras, a los desiertos de su desamparo. Desde hace muchos años no me he separado de ella. No la cambiaré nunca por nada. Ella es mi tierra natal y mi estandarte. Ella vigila mis sueños. Es literal y corpórea. Ella me atrae a su cobijo y yo la llamo por su único nombre verdadero: Literatura.

lunes, 30 de marzo de 2015

Sólo una palabra

Créditos
Un hallazgo genial en la vida de mi sobrino fue llamar a un peluche como yo lo hacía. Pasó de señalar a usar el lenguaje y esa mínima secuencia de sonidos estimuló muchas otras palabras. En puridad, las palabras no se enseñan: se aparecen. Son muescas en la propia conciencia. Las palabras son las cosas, y las cosas son las palabras por otros medios; nos construyen los significados como nos protegen los jerséis y nos alimenta el desayuno. En el principio de la conciencia estaba la palabra, pongamos que el nombre común, y luego los nombres se pusieron a crear torres y bodas y pasteles y análisis y reticencias. Las palabras son fábricas y teatros griegos, producen y representan, fijan, atesoran y proyectan. Creemos que hablamos el mismo idioma que los demás, pero la patria común de la lengua es al mismo tiempo la república independiente de la lengua interna con la que nos hablamos. De las cenizas de todas las comunicaciones fallidas, de todas las llamadas infructuosas, de los mensajes que se perdieron, hemos renacido como personas distintas. En medio de los análisis desganados, "líquidos", de este tiempo, necesitamos de palabra con sentido propio. No se me ocurre mejor forma de justificar el título de este blog.