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El texto consultado se encuentra en la Web de la RAE. Los corchetes, por su parte, indican elementos estructuradores del comentario, que no párrafos o apartados.
En sentido estricto, éste en un “mini-ensayo” que comparto con mi alumnado: no es un “modelo” de comentario. Pero si lo lees y te gusta, puedes descargarlo pinchando este enlace.
[Adecuación o contextualización]
El poema Lo fatal pertenece a los Cantos de vida y esperanza (1905) de Rubén Darío; la obra pertenece a la etapa de madurez, en la que Darío siente ya el miedo a la decadencia física y a la muerte. En cuanto a la métrica [desarrollamos este apartado en la estructura externa], encontramos tres estrofas, las dos primeras de las cuales son sendos serventesios de alejandrinos, en tanto que la tercera tiene una estructura más peculiar, con tres alejandrinos, un eneasílabo y un heptasílabo. Esta elaboración es típica de la experimentación modernista y encontramos reminiscencias formales de la cuaderna vía (el alejandrino, estrofas de cuatro versos), el pie quebrado reformulado (dos últimos versos) y la conjugación de versos largos y versos cortos (recordemos la senda iniciada por Bécquer).
[Expresión de la tesis]
La tesis que defenderé en este comentario es: Lo fatal es un diálogo de ideas y de textos, para lo cual estableceré distintos enfoques sobre el poema de Darío.
[Primer párrafo de argumentos]
Con ciertos autores, uno no puede menos que leer como un escritor. Rubén Darío, como tantos poetas de la “Edad de Plata”, es un buen ejemplo. Darío escribe un poema muy rico en resonancias literarias y filosóficas, que parten del dolor de sentir, tanto de lo sensorial como de lo “sensitivo”. La existencia es un continuo navegar - a menudo caótico - por el flujo de experiencias de muy distinto signo que hemos convenido en llamar “vida”. Pero lo realmente llamativo es la forma cómo la voz poética (no necesariamente trasunto del emisor-poeta) hace bueno una conocido tema de René Char: la piel es lo más profundo. Tengo para mí que los modernistas, poetas evocadores y brillantes, son perfectos conocedores no sólo de aquellos “fuego artificiales” simbolistas, sino de la impresionante tradición literaria escrita en español. El poema es testimonio de ello, no ya en las referencias métricas, sino sobre todo en los tres tópicos aludidos: “Beatus ille” (el feliz será el árbol), “Memento mori” (quien recuerda que tiene que morir es la voz poética) y “tempus irreparabile fugit” (el tiempo, irreparable, pasa”). Los tres temas clásicos aparecen distorsionados por la angustia existencial y el irracionalismo imperantes en el Fin de Siglo y se ajustan al propio título del poema: “Lo fatal”, es decir, lo preestablecido. Pues estamos vivos, deberemos morir. Ésa es la regla de este juego trágico. Rubén Darío siente, en la misma piel (evocada por los términos “sensitivo” y “dolor”, que encontramos relacionados con el Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia), en esa apariencia “superficial” (¿no eran “superficiales” los modernistas?) la certidumbre de la muerte y el final frente a la incertidumbre y lo azaroso del vivir.
[Segundo párrafo de argumentos]
Un empirista es el que saca sus razonamientos de su propia experiencia; diríamos más enfáticamente, el que escarmienta en cabeza propia y hace razón de sus escarmientos. ¿Qué le faltaba por decir a Darío? ¿No sería que quiso establecer en su poema una argumentación del caos y del sinsentido de vivir? Como consecuencia, veo legítimo preguntarme: ¿Y hay que esperar a la vecindad de la vejez para sentirse atónito por la muerte? ¿Por qué no en la primera juventud? Un empirista que haya comprendido bien los ideales vitalistas del Fin de Siglo hubiera mirado hacia Epìcuro y habría aceptado el placer (el primero de los cuales es el gozo de vivir) hasta que llegara su último día. Quevedo imaginaba un amor-pasión más allá de la muerte sin escalofrío alguno.
[Párrafo de enlace]
Por consiguiente, nos encontramos con un poema en el que cristalizan algunos de los problemas típicos de ese período: la angustia por la existencia, el dolor, lo sensorial, el “Decadentismo” que combina el placer y el miedo a la muerte y, de manera genérica, un cruce múltiple de textos e ideas.
[Conclusión]
Concluyo pensado que el poema reúne una problemática heterogénea, tanto en lo literario como en lo filosófico. Lo que sí queda claro es un texto construido con tantas antítesis y con alegorías de tal intensidad (“carne”, “tumba”) no es uno más en la producción literaria del escritor. Afirmaba Darío lo que la voz poética afirmaba? ¿O sonreía a la vez que finalizaba las estrofas? Quién puede saberlo.
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