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| © Michael Jastremski for openphoto.net |
Era
difícil no fijarse en ti, porque cualquiera que tenga ojos en la
cara se pararía a rozarte con los ojos, a demorarse en tu perfil.
Fue no más que cruzar una calle, que perderse en la playa amanecida
de tu cara, en los soles gemelos de tus ojos, y se hizo la luz en
toda la avenida.
Cuando
tienes una edad te das cuenta de que es una quimera atesorar la
belleza; pero la belleza sobrevive como las pompas de jabón, que es
todo lo que dura el juego de vivir. ¿Cómo te lo diría sin
enojarte? El tiempo pasa, tic-tac, y luego, ya viejos y cansados, nos
miraremos a nosotros mismos de lejos, trataremos de tocarnos, y ya
será tarde. Sólo habrá una avenida.
Y
más allá, la nada.
Garcilaso de la Vega, Soneto XXIII

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