lunes, 11 de mayo de 2015

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Dennis Skley

Logramos entendernos por la forma en que nos comunicamos. La escuela pone mucho interés en enseñarnos a escribir largos textos y a comprender libros complicados, pero no en todos los casos a analizar nuestra comunicación en las redes sociales y otros entornos digitales, en los que cada vez pasamos más tiempo. 
A nosotros, los que pasamos tantas horas de nuestras vidas en las aulas, nos han enseñando en la Universidad que la comunicación sigue el modelo de Ferdinand de Saussure: un emisor escribe o habla para un receptor, usando para ello un mensaje. El mensaje, a su vez, "circula" por un canal y está construido por "un" código (a los sumo, por varios de ellos). Finalmente, todo este proceso se desarrolla en una situación comunicativa, que le da sentido a todo.
El caso es que en tiempos de Saussure no había redes sociales ni entornos digitales. Saussure pensaba en un "yo" que hablaba / escribía para un "tú" y no podía pensar en un fenómeno como el que vivimos en nuestros días. No hay que culparlo de ello: cada uno es hijo de su tiempo. Nosotros mismos no podíamos anticipar hace sólo unos años que la relativa intimidad de los "chats" iba a dar paso a una comunicación multilineal y, en muchos casos, descentralizada, como es el caso de Twitter. En las escuelas enseñamos a los alumnos a comunicarse como en el siglo XIX, a pensar un texto en la tradición filológica alemana, pero no a valorar aspectos esenciales como el contexto de redes, la huella digital, la identidad digital, la necesidad de informase filtrando la información (curación de contenidos), las formas de procesar la información (verificarla, autentificarla, gestionarla) y, fundamentalmente, a crearse una buena reputación online. Y sin embargo, todo ello se contraba inscrito en la Taxonomía de Bloom.
Las épocas de cambios acelerados suelen ser líquidas, como demostró con precisión Zigmunt Baumann. Antes, la Modernidad había demostrado que nada era lo suficientemente sólido para perdurar en las sociedades industrializadas (Marshall Berman) y tras ello vino la fluidez del conocimiento, el cambio permanente, que nos obliga, no a cultivar, sino a navegar y a pescar; en algún sentido, es el proceso inverso al que históricamente vivieron los cazadores, pescadores y recolectores cuando se hicieron sedentarios, sólo que en términos de comunicación y de información.
Por eso, desde marzo de 2015, trato de enseñar a mi alumnado cómo es la comunicación en esta sociedad líquida que no se cree nada y que se lo cree todo y que cambia, cambia, cambia sin cesar. Comunicarse, procurarse la información y analizarla, construir el propio conocimiento, son las tareas de hoy. Saber qué haces cuando escribes en la Red es un aspecto esencial para un adolescente de hoy (insisto: no de hace veinte años). La gente está inforrachada, sufre del exceso de mensajes.
Por eso pido a mis alumnos: dime quién eres en la Red. 

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